En los últimos años, la práctica del mindfulness se ha popularizado como una herramienta eficaz para reducir el estrés y promover el bienestar en adultos. Sin embargo, también puede ser muy beneficiosa para los más pequeños. En este artículo te proponemos varias actividades simples, divertidas y perfectas para practicar en familia.

¿Qué es el mindfulness?

El mindfulness o atención plena consiste en llevar la atención al momento presente —a nuestras sensaciones corporales, pensamientos, emociones o sonidos— sin juzgar lo que experimentamos. Aunque a veces genera una sensación de calma, la relajación no es el objetivo principal; lo que buscamos es aprender a dirigir la atención de manera consciente.

Nuestra mente tiende a divagar: solemos revivir experiencias del pasado o planificar el futuro, lo que nos aleja del aquí y ahora. En los niños esto también ocurre, aunque ellos tengan más facilidad para disfrutar del momento presente. Practicar mindfulness puede ayudarles a reconocer mejor sus emociones, pensamientos y conductas, facilitando que desarrollen herramientas para afrontar situaciones difíciles. Además, mejora la capacidad de concentración y control atencional.

En mindfulness no se trata de mantener la concentración todo el tiempo —algo prácticamente imposible—, sino de darnos cuenta cuando nos distraemos y redirigir la atención con amabilidad, sin juicios.

A continuación, te compartimos algunas actividades para introducir la atención plena en casa de una forma lúdica.

1. La meditación de la planta de los pies

Muchas prácticas de mindfulness se enfocan en las sensaciones corporales. En este ejercicio invitamos a los niños a concentrarse únicamente en sus pies.

Puedes comenzar diciendo:
 “Ahora vamos a poner toda nuestra atención en nuestros pies.”

Cerrar los ojos ayuda a enfocarse, aunque también pueden entrecerrarlos o fijar la mirada en un punto. Después, guía su atención hacia distintas sensaciones: temperatura, presión, contacto con el calcetín, posible hormigueo…

Algunas indicaciones que puedes utilizar:

  • “¿Notas los pies fríos o calientes?”
  • “¿Sientes el calcetín rodeando tu pie?”
  • “¿Puedes notar si el zapato te aprieta?”
  • “Vamos a recorrer el pie como si fuese un escáner: primero el talón, ahora la planta… ¿puedes notar tu dedo gordo? ¿Y el meñique?”
  • “Si tu atención se ha ido a otro sitio, no pasa nada. Cuando te des cuenta, vuelve a llevarla a tus pies.”

2. Comer conscientemente

Este ejercicio suele resultar muy divertido, sobre todo si utilizamos un alimento pequeño y apetitoso: un trozo de fruta, una palomita, un caramelo…

El reto es explorarlo con todos los sentidos antes de comerlo.

  1. Observarlo: “Fíjate en sus colores, su forma… ¿cómo crees que pesaría en tu mano?”
  2. Tocarlo: examinar su textura.
  3. Olerlo: “Acércalo a tu nariz… ¿qué olor notas?”
  4. Probarlo sin masticar: “Déjalo sobre la lengua, observa cómo cambia el sabor o si se va deshaciendo.”
  5. Masticar lentamente y tragar.

Esta práctica entrena la atención, la paciencia y el autocontrol.

3. El clásico ‘Veo, veo’

El juego tradicional es una excelente herramienta de mindfulness, ya que invita a fijarnos en lo que nos rodea.

Puedes usar variantes como:

  • “Dime cinco cosas rojas que puedas ver ahora.”
  • “Encuentra tres objetos que empiecen por la letra S.”
  • “Dime cuatro cosas suaves que tengas alrededor.”

4. Cerrar los ojos, abrir las orejas

En esta actividad trabajamos exclusivamente el sentido del oído. Consiste en permanecer unos segundos en silencio y nombrar todos los sonidos que podamos escuchar, incluso los más sutiles.

“Yo escucho un coche a lo lejos”, “un niño en el parque”, “el motor del ventilador”…
 Cerrar los ojos suele ayudar a concentrarse mejor.

5. La carrera inversa

Aquí el objetivo es llegar el último. La idea es avanzar hacia la meta en “cámara lenta”, prestando atención a cómo se mueve nuestro cuerpo, al equilibrio y a la respiración.

Es un juego perfecto para cultivar paciencia, autocontrol y conciencia corporal.

 

Mindfulness en el día a día

Vivimos en una sociedad acelerada, siempre pendiente de la siguiente tarea. Cualquier momento puede convertirse en una oportunidad para practicar mindfulness: un paseo observando los árboles, escuchar el sonido del viento o simplemente notar los colores del cielo.

La atención plena no requiere grandes preparativos; basta con pausar unos segundos y volver al presente.

Ojalá estas ideas te resulten útiles y os animen a practicar mindfulness en familia. Y, quién sabe, quizá también os inspiren para inventar vuestros propios juegos y disfrutar de momentos más conscientes con vuestros hijos.